MEDIO AMBIENTE- SARA INIESTA HERNÁNDEZ 4ºC

EL MEDIO AMBIENTE

 

MEDIO AMBIENTE

 Conjunto de elementos del medio donde vivimos (energía solar, suelo, agua y aire)  (organismos vivos) que integran la delgada capa de la Tierra llamada biosfera.

 

CONSTIUYENTES:

La atmósfera, que protege a la Tierra del exceso de radiación ultravioleta y permite la existencia de vida es una mezcla gaseosa de nitrógeno, oxígeno, hidrógeno, dióxido de carbono, vapor de agua, otros elementos y compuestos, y partículas de polvo. Calentada por el Sol y la energía radiante de la Tierra, la atmósfera circula en torno al planeta y modifica las diferencias térmicas. Por lo que se refiere al agua, un 97% se encuentra en los océanos, un 2% es hielo y el 1% restante es el agua dulce de los ríos, los lagos, las aguas subterráneas y la humedad atmosférica y del suelo. El suelo es el delgado manto de materia que sustenta la vida terrestre. Es producto de la interacción del clima y del sustrato rocoso o roca madre, como las morenas glaciares y las rocas sedimentarias, y de la vegetación. De todos ellos dependen los organismos vivos, incluyendo los seres humanos. Las plantas se sirven del agua, del dióxido de carbono y de la luz solar para convertir materias primas en carbohidratos por medio de la fotosíntesis; la vida animal, a su vez, depende de las plantas en una secuencia de vínculos interconectados conocida como red trófica.

Durante su larga historia, la Tierra ha cambiado lentamente. La deriva continental (resultado de la tectónica de placas) separó las masas continentales, los océanos invadieron tierra firme y se retiraron de ella, y se alzaron y erosionaron montañas, depositando sedimentos a lo largo de las costas (véase Geología). Los climas se caldearon y enfriaron, y aparecieron y desaparecieron formas de vida al cambiar el medio ambiente. El más reciente de los acontecimientos medioambientales importantes en la historia de la Tierra se produjo en el cuaternario, durante el pleistoceno (entre 1,64 millones y 10.000 años atrás), llamado también periodo glacial. El clima subtropical desapareció y cambió la faz del hemisferio norte. Grandes capas de hielo avanzaron y se retiraron cuatro veces en América del Norte y tres en Europa, haciendo oscilar el clima de frío a templado, influyendo en la vida vegetal y animal y, en última instancia, dando lugar al clima que hoy conocemos. Nuestra era recibe, indistintamente, los nombres de reciente, postglacial y holoceno. Durante este tiempo el medio ambiente del planeta ha permanecido más o menos estable.

PROBLEMAS MEDIO AMBIENTALES:

DESTRUCCION DEL OZONO. Los problemas de erosión descritos más arriba están agravando el creciente problema mundial del abastecimiento de agua. La mayoría de los problemas en este campo se dan en las regiones semiáridas y costeras del mundo. Las poblaciones humanas en expansión requieren sistemas de irrigación y agua para la industria; esto está agotando hasta tal punto los acuíferos subterráneos que empieza a penetrar en ellos agua salada a lo largo de las áreas costeras en Estados Unidos, Israel, Siria, los estados árabes del golfo Pérsico y algunas áreas de los países que bordean el mar Mediterráneo (España, Italia y Grecia principalmente). Algunas de las mayores ciudades del mundo están agotando sus suministros de agua y en metrópolis como Nueva Delhi o México D.F. se está bombeando agua de lugares cada vez más alejados. En áreas tierra adentro, las rocas porosas y los sedimentos se compactan al perder el agua, ocasionando problemas por el progresivo hundimiento de la superficie; este fenómeno es ya un grave problema en Texas, Florida y California.

El mundo experimenta también un progresivo descenso en la calidad y disponibilidad del agua. En el año 2000, 508 millones de personas vivían en 31 países afectados por escasez de agua y, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 1.100 millones de personas carecían de acceso a agua no contaminada. En muchas regiones, las reservas de agua están contaminadas con productos químicos tóxicos y nitratos. Las enfermedades transmitidas por el agua afectan a un tercio de la humanidad y matan a 10 millones de personas al año.

Durante la década de 1980 y a comienzos de la de 1990, algunos países industrializados mejoraron la calidad de su aire reduciendo la cantidad de partículas en suspensión así como la de productos químicos tóxicos como el plomo, pero las emisiones de dióxido de azufre y de óxidos nitrosos, precursores de la deposición ácida, aún son importantes.

RADIACCION: Aunque las pruebas nucleares atmosféricas han sido prohibidas por la mayoría de los países, lo que ha supuesto la eliminación de una importante fuente de lluvia radiactiva, la radiación nuclear sigue siendo un problema medioambiental. Las centrales siempre liberan pequeñas cantidades de residuos nucleares en el agua y la atmósfera, pero el principal peligro es la posibilidad de que se produzcan accidentes nucleares, que liberan enormes cantidades de radiación al medio ambiente, como ocurrió en Chernóbil, Ucrania, en 1986. Un problema más grave al que se enfrenta la industria nuclear es el almacenamiento de los residuos nucleares, que conservan su carácter tóxico de 700 a 1 millón de años. La seguridad de un almacenamiento durante periodos geológicos de tiempo es, al menos, problemática; entre tanto, los residuos radiactivos se acumulan, amenazando la integridad del medio ambiente.


LA CONTAMINACIÓN DEL AIRE


Sin lugar a dudas es éste uno de los problemas ambientales más perceptibles y con mayor incidencia sobre la salud de las personas. Según datos de 1995 del Centro Europeo de Medio Ambiente y Salud (OMS) la contaminación atmosférica era responsable en Europa de los siguientes problemas sanitarios en un año: entre 2,6 y 4 millones de personas padecían problemas de tos e irritación ocular, entre 4 y 6 millones de niños sufrían enfermedades de las vías respiratorias inferiores, se produjeron entre 90 y 200.000 consultas en ambulatorios por problemas respiratorios, había 14 millones de personas con reducción de la función pulmonar en más de un 5%, entre 18 y 42.000 personas sufrían la incidencia de la contaminación en enfermedades crónicas pulmonares y se habían registrado entre 4 y 8000 ingresos hospitalarios por enfermedades respiratorias en estrecha relación con la contaminación. Esta impresionante lista podría aumentarse mucho si se incluyeran aquellos casos en los que la contaminación del aire aparece como la causa o una de las causas más probables de ciertos problemas: éste parece ser el caso de la duplicación de los números de asma y alergias en Europa desde la década de los 80, o de ciertos tipos de cánceres que puedan ser causados por sustancias como el benceno o las partículas en suspensión… La explicación de esta estrecha relación entre contaminación del aire y salud está en el hecho de que unas trece veces por minuto inhalamos importantes cantidades de aire, lo que permite una estrecha relación entre los contaminantes del aire y los organismos humanos. Tampoco cuesta mucho entender que por el mismo motivo el sistema respiratorio es el más afectado. Por supuesto que éste es un caso claro de problema típicamente urbano.

La contaminación del aire en las grandes ciudades españolas (o europeas) es un problema que ha experimentado un notable cambio desde finales de los 70 o principio de los 80 hasta nuestros días. En aquellas fechas la contaminación era un fenómeno típicamente estacional provocado fundamentalmente por las calderas de calefacción que estaban alimentadas con combustibles muy contaminantes. Muy frecuentemente se empleaban como combustibles carbones de cierta calidad como hullas o antracitas con contenidos de azufre del orden del 0,8-1,5% en peso (aunque en algunas ciudades se utilizaban además lignitos mucho más contaminantes y con menor poder calorífico). Se usaban también gasóleos pesados o fuelóleo con contenido de azufre que no era raro que llegara al 3-4%. Los contaminantes más destacados eran el dióxido de azufre, originado en la oxidación del azufre que formaba parte de los combustibles, y las partículas en suspensión con tamaños y composiciones químicas variables que en casi todos los casos contenían sales y óxidos metálicos asociados a hidrocarburos o partículas de carbono inquemados.

La contribución de la industria a los niveles de contaminación era en muchas ocasiones significativa (casi todas las ciudades grandes tenían a su alrededor unos complejos industriales importantes) y a veces, era la causa principal. Este es el caso de ciudades como Bilbao, Huelva, Gijón o Puertollano. Los valores que se registraban eran espectaculares y era relativamente frecuente la aparición de fenómenos tan visibles como que se agujereasen las gabardinas en los primeros días de lluvia en Bilbao. La causa no era otra que el ácido sulfúrico que la lluvia depositaba sobre ellas.

El problema se corrigió en gran medida por la desaparición en algunos casos de las empresas más contaminantes de los cascos urbanos y por la imposición de normas que prohibían los combustibles más contaminantes. El fuel desapareció, el nivel de azufre de los gasóleos ha ido siendo progresivamente más bajo y las calderas de carbón siguen reduciendo su número en casi todas las grandes ciudades (en Madrid quedan unas 6.000). Combustibles más limpios como el gas natural han ido ganando cuota sobre todo en los últimos 6 años.

Pero el problema no ha desaparecido. Solo ha cambiado. Hoy la contaminación no es fundamentalmente estacional, sino que se mantiene en buena medida durante todo el año cuando las condiciones de dispersión son desfavorables. Su causante es el tráfico y los contaminantes principales los óxidos de nitrógeno (NOx), aunque siguen existiendo valores preocupantes de partículas y tienden a aumentar los niveles de hidrocarburos. Hay que resaltar que los NOx son unos contaminantes bastante insidiosos porque se forman por catálisis térmica de dos elementos presentes en el aire (Nitrógeno y Oxígeno). Es decir que basta con que se alcancen ciertas temperaturas en la combustión de cualquier sustancia para que se formen.

Durante estos años se ha producido un fenómeno paradigmático. Ha mejorado la eficiencia de los motores, se ha generalizado el uso de los catalizadores (que eliminan buena parte de los contaminantes emitidos) pero los niveles de contaminación no mejoran. El incremento de la movilidad y el subsiguiente aumento del parque automovilístico han devorado los logros de la tecnología. Un dato significativo es que los catalizadores han resultado ser menos eficaces para prevenir la contaminación del aire de lo previsto. Necesitan para funcionar a pleno rendimiento un mínimo de distancia recorrida (se ha publicado unos 6 km. aunque los fabricantes de catalizadores insisten en que los valores son menores en “sus catalizadores”), algo que no siempre ocurre en los traslados urbanos que con mucha frecuencia son a distancias muy cortas. Es un caso de evidencia de los límites de las soluciones “posibles” de fin de tubería. Y digo posibles porque se descartó la obligatoriedad de los catalizadores trifásicos más eficientes para no encarecer innecesariamente los automóviles. Aunque en nuestro país todavía hay un buen número de automóviles que funcionan sin catalizador y la vigilancia del correcto funcionamiento de los instalados no es precisamente modélico, me encuentro entre los creen que en los próximos años se mantendrá la tendencia y la mejora tecnológica será superada por el incremento de la movilidad. Para solucionar este problema se hacen necesarias medidas estructurales (reducción de la movilidad en vehículos privados fundamentalmente) que nadie parece dispuesto a implantar.

Querría resaltar además un fenómeno curioso. Los niveles crecientes de ozono (O3) en zonas relativamente alejadas de las grandes urbes. Este es un contaminante secundario cuya presencia en la atmósfera depende de cientos de reacciones pero que simplificadamente se puede suponer que se forma por descomposición fotoquímica del dióxido de Nitrógeno. Se alcanzan niveles muy altos en días calurosos y soleados, pero a cierta distancia de los principales focos de contaminación.


LOS RESIDUOS PELIGROSOS

Los residuos peligrosos (RP) son aquellos que por su naturaleza o propiedades pueden causar daños al medio ambiente o ser perjudiciales para la salud humana. Algunas de estas características peligrosas son: explosividad, corrosividad, ecotoxicidad, cancerogenicidad, irritabilidad, ser liberadores de gases tóxicos… Las características específicas que definen a un residuo como peligroso vienen descritas en la Ley 10/1998 de Residuos.

Aunque la gran mayoría de los residuos peligrosos son generados por las industrias, existe también una cantidad importante entre los residuos sanitarios (citotóxicos, biopeligrosos o químicos) y en la basura doméstica como resultado de los muchos productos tóxicos que utilizamos. Ya hemos hecho algún comentario sobre ellos anteriormente.

Según los datos más recientes de que se disponen, se producen en torno a 3.394.353 toneladas métricas de RP en el Estado español (los datos corresponden al año 1995). Por seguir hablando de la Comunidad de Madrid como ejemplo, en ella se generan en torno al 5% de esta cantidad, es decir, 151.364 toneladas métricas. Ya en su día, cuando se recopilaron estos datos para el Plan Nacional de Residuos Peligrosos, se reconocía que las cifras eran bastante obsoletas, particularmente en regiones como Madrid.

Algunos de los sectores industriales más importantes en la Comunidad de Madrid (CM), y responsables de estos residuos peligrosos, son: metales básicos y fundiciones, productos metálicos, minerales no metálicos, química, eléctrica y electrónica, textil y confección. La mayor concentración de estas industrias se produce en el Corredor del Henares (Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz, Coslada, etc.) y en las zonas Sur de la Comunidad (Getafe, Leganés, Arganda del Rey, Fuenlabrada, Móstoles, entre otros).

Es conocido que un elevado porcentaje de los residuos peligrosos generados en la Comunidad de Madrid tiene una gestión incontrolada, lo que amenaza la protección de los ecosistemas así como la salud pública. La principal responsabilidad recae sobre las empresas que actúan negligentemente al no gestionar correctamente los flujos de residuos peligrosos que generan para permitir el máximo aprovechamiento o su correcto tratamiento y evitar desastres ambientales.

Sus impactos sobre el medio guardan cierta similitud con lo de los RSU, aunque en mayor grado. Los problemas medioambientales se producen como consecuencia de la deposición directa de los contaminantes emitidos al aire, o a través de los vertidos a cauces superficiales o subterráneos, o por vertido directo al suelo. Dependiendo del tipo de contaminante que se trate, y de su mayor o menor concentración, su presencia afectará al funcionamiento o desarrollo de los seres vivos y de los ecosistemas. Los efectos pueden desembocar directamente en la enfermedad o muerte de las especies o, más indirectamente, en problemas de su reproducción o supervivencia en un determinado ecosistema. Los impactos también se hacen notables por la contaminación de los cauces de agua y del suelo, que a su vez repercutirán sobre el crecimiento y la calidad de los cultivos.

A pesar de que se encuentra en vigor un Plan Nacional que establece unas prioridades de gestión consistentes en la reducción en origen, la reutilización y el reciclaje “in situ” y el depósito -en ese orden-, la política de la CM se ha limitado a potenciar, por lo general, las opciones de tratamiento final a través de las siguientes vías de gestión: se almacenan indefinidamente en el depósito de seguridad en San Fernando de Henares (se depositan en torno a 50-60.000 tn/año con tendencia a aumentar y en la planta de estabilización se tratan 10-15.000 tn/año), se gestionan en la planta de tratamiento físico-químico en Valdebebas (unas 20.000 tn/año) después de haber cerrado la de Manoteras, se incineran (más de 5000 tn sin que la CAM dé noticias en los documentos oficiales de dónde se hace dicha incineración), se recuperan los materiales (unos 8-10.000 Tn de disolventes y casi 800 tn de aceites usados) o son trasladados a otras CC.AA. o incluso a otros países (más de 66.500 tn en 1998).

De los sistemas de gestión los que han recibido críticas más duras del movimiento ecologista son los depósitos de seguridad y la incineración. Aunque es sabido que la verdadera apuesta es por la reducción en origen y la reutilización en los casos en que es posible.

Los depósitos de seguridad son instalaciones que no pueden considerarse como soluciones óptimas para los residuos peligrosos, pues únicamente esconden el problema dejándoselo a las generaciones venideras para que lo resuelvan. Por otro lado, tampoco se puede garantizar la preservación de las propiedades de impermeabilidad, estabilidad, etc. de los depósitos de forma indefinida y, en este sentido, surgen preguntas en torno a las competencias y responsabilidades de velar por la seguridad de la instalación décadas después de su clausura y sellado. A pesar de las importantes medidas de seguridad que suelen acompañar a los depósitos, ocasionalmente se producen accidentes motivados fundamentalmente por mezclas incompatibles de residuos que dan lugar a incendios o explosiones. Por poco frecuentes que éstos sean, debido al importante potencial de riesgo por tratarse de un almacén de residuos peligrosos, no resultan despreciables.

La incineración es una opción de tratamiento que, aunque aparentemente ofrezca la ventaja de reducir el volumen de los residuos, presenta innumerables inconvenientes que justifican que se descarte como sistema. La incineración no elimina la contaminación presente en los residuos, sino que la dispersa y la traslada. Es decir, una parte de las sustancias quedan atrapadas en los sistemas de depuración de gases (filtros de manga, precipitadores electrostáticos, etc.) si es que los tiene, como son las partículas, NOx, SO2 y algunos metales pesados (los metales pesados no se destruyen a ninguna temperatura). Estos filtros después deben ir a un depósito de seguridad pues tienen acumuladas muchas sustancias peligrosas. También es cierto que una parte de la contaminación se escapa en forma de gas a la atmósfera, constituyendo un medio para dispersar metales pesados, dioxinas y furanos, partículas de pequeñísimo diámetro, etc.

Por otro lado, las cenizas que resultan del proceso son también residuos peligrosos que deben ir a un depósito de seguridad. En este sentido, las incineradoras no evitan la necesidad del vertedero, sino que éstos pasan a contener otros residuos más tóxicos que los residuos de partida.

EL RUIDO
La Convención de Estocolmo de 1972 determinó que el ruido era uno de los agentes contaminantes más agresivos en los cascos urbanos y en los polígonos industriales. En los últimos diez años el porcentaje de población expuesta a niveles de ruido Leq superiores a los 65 dBA se ha incrementado del 15 al 26%, lo que significa que un elevado porcentaje de la población no está debidamente protegida de los efectos en la salud derivados de la exposición al ruido.

El ruido, desde un punto de vista físico, representa una suma de sonidos caóticos, irregulares y arrítmicos o no periódicos. En la percepción del ruido interviene un alto grado de susceptibilidad, e influyen las circunstancias personales del oyente; también contribuye a la percepción del ruido su duración en el tiempo, la intensidad o el volumen, el tipo de espacio en que se emite y las características físicas del oído humano.

El ruido provoca estrés, ansiedad, irritabilidad, aumento de la frecuencia respiratoria, disminución de la capacidad de concentración e incluso, en personas especialmente sensibles, dolor de cabeza y depresión. Las alteraciones pueden ser temporales, lo que provoca fatiga auditiva, o bien permanentes, en este caso tendremos el trauma sonoro, que podrá ser agudo o crónico (este último corresponde a la sordera profesional).

En la actualidad en el Estado español está vigente la NBE CA-88 (Norma Básica de Edificación, reguladora de las Condiciones Acústicas, de 1988), que con relación a la Unión Europea presenta un bajo nivel de exigencia. Los Ayuntamientos actúan contra la contaminación acústica a partir de las Ordenanzas Municipales de Protección del Medio Ambiente y a través de los Planes Generales de Ordenación Urbana.

El Ayuntamiento de Madrid aprobó en 1985 la Ordenanza General de Protección del Medio Ambiente Urbano, modificada y adaptada en abril de 1994 (cuando se escriben estas notas se habla de nuevas modificaciones en la ordenanza). A destacar que en Madrid se intenta disciplinar el uso de las alarmas o sirenas y el Ayuntamiento de Córdoba otorga protección destacada contra el ruido a la hora de la siesta en verano.

A pesar de tanta regulación, son muy escasas las ordenanzas que contemplan los niveles máximos permisibles de inmisión (el sonido o conjunto de sonidos recibidos por el receptor) en el exterior de los edificios, ya que la mayoría sólo contemplan niveles máximos de emisión en el interior de los mismos (el ruido de emisión está generado por el tráfico, la maquinaria, y en general por los sonidos emitidos por objetos exteriores al receptor).

Como dato significativo, hay que destacar que más del 50% de las denuncias que en temas medioambientales recibe el Ayuntamiento de Madrid tienen como causa las molestias por ruido.

Parte de la explicación de este fenómeno es la muy baja calidad acústica en los edificios españoles. Aunque las exigencias de aislamiento acústico de la actual Normativa española son de obligado cumplimiento no se cumplen. Según un reciente estudio de la Asociación Española contra la Contaminación por el Ruido (AECOR), el 35% de los proyectos de edificación diseñan mal la prevención de los ruidos, y las deficiencias aumentan al 55% cuando estos proyectos se convierte en obras.

En medios urbanos el mayor contaminante es el tráfico rodado, seguido por el transporte aéreo y por el ferrocarril. En un segundo escalón tenemos las industrias. Luego las obras públicas, la construcción de viviendas, edificios… Por último, tenemos las actividades lúdicas y recreativas: discotecas, bares con música, verbenas, ferias callejeras… Sin olvidar los problemas causados por los servicios de urgencia y seguridad: las alarmas y sirenas.

Con el paso de los años, los niveles de ruido máximo emitidos por los vehículos se han reducido progresivamente, pero de forma paralela, el número de vehículos que circulan por las ciudades ha ido creciendo. De este modo, la disminución del ruido en los vehículos no queda reflejada en las ciudades. Comparando los resultados de mediciones hechas en 1985, con mediciones más recientes realizadas en 1995, vemos que el nivel de ruido apenas se ha reducido en 0,8 dBA. La actual normativa 96/20/CE sobre control de ruido de vehículos, no refleja la realidad, ni siquiera sirve para clasificar el ruido procedente de diferentes vehículos con distintos grados de molestia.

En relación con el transporte aéreo vemos cómo el impacto del ruido de aviones es particularmente significativo en el entorno más inmediato de los grandes aeropuertos (operaciones de despegue y aterrizaje), agravado considerablemente por la relativa proximidad entre los aeropuertos y las ciudades, y por el crecimiento experimentado por el tráfico aéreo, tanto civil como militar.

EL AGUA
Este es uno de esos problemas urbanos que muestra sus efectos en lugares más o menos alejados de las ciudades: donde se ubican los sistemas de captación de aguas para el abastecimiento, o aguas abajo, donde se manifiesta el efecto de la contaminación causada por la urbe. Los problemas son bien distintos según que la ciudad se encuentre en los cauces medios o altos de los ríos (Madrid, Zaragoza o Valladolid), o en cauces bajos o zonas costeras (Barcelona, Sevilla, Málaga o Valencia). Resumidamente hablaré otra vez de Madrid.

En España los principales consumos de agua corresponden a la agricultura, con cerca del 80% del total, mientras que el sector urbano y el industrial utilizan el 20% restante. Sin embargo, en las ciudades y sus entornos la proporción puede invertirse. Las estadísticas indican que en 1997 el consumo de agua en la Comunidad de Madrid fue de 282 litros por habitante y día. Pero, en realidad, esa cifra es tan sólo el resultado de dividir el volumen total tomado de embalses y captaciones por el Canal de Isabel II (492 hm3) entre el número de habitantes abastecidos (4.779.000). El reparto real del agua gastada, por sectores, según el propio Canal, es aproximadamente el siguiente: 50% doméstico, 17 % industrial, 10% en centros públicos y el resto es no facturado, fugas…

De los datos anteriores podemos deducir que el consumo doméstico es de unos 140 litros de agua por habitante y día. Pero las medias aritméticas resultan a veces engañosas. En realidad, hay grandes contrastes en los consumos medios por persona y día. Por ejemplo, en la ciudad de Madrid, ciertos barrios consumen hasta cuatro veces más agua, de media por habitante y día, que otros. Es el caso de Moncloa (345) frente a Tetuán, Villaverde o Vallecas (entre 90 y 100). La presencia de jardines individuales es un elemento determinante. Sin presentar valores escandalosos, los consumos de una ciudad como Madrid podrían reducirse de forma muy significativa sin mermar la calidad de vida de los ciudadanos mediante medidas sencillas (grifería ahorradora, cisternas de doble uso, electrodomésticos eficientes en el uso de agua, mantenimientos adecuados….).

Las elevadas pérdidas de agua son una de las características de las redes de suministro urbano. El Canal de Isabel II estimaba recientemente que el agua perdida en las redes de distribución supone el 12,6% del total. Sin embargo, técnicos de esta empresa declaraban de forma privada al diario ABC: si estos datos fueran reales no habría motivo de preocupación. Las pérdidas rondan el 26% del agua desembalsada [ABC , 4-IV-97]. Estas declaraciones, que presentan unos datos a mi juicio más realistas, nos muestran la magnitud del problema de las fugas, un fenómeno muy relacionado con la antigüedad y el estado de deterioro de una parte importante de la red de distribución.

Uno de los principales problemas de estos elevados consumos de agua es la necesidad de disponer, sobre en todo en climas secos, de ingentes sistemas de almacenamiento. La cantidad de agua que se puede almacenar en los embalses depende de las aportaciones que realicen los ríos que los alimentan (entradas) y de los volúmenes que se vayan derivando para el consumo (salidas). Cuando el consumo crece y crece llega inevitablemente un momento en el que ampliar el almacén ya no es solución, simplemente porque las aportaciones de los ríos ya no dan de sí para llenar más embalses. Esto es lo que empieza a ocurrir en el caso madrileño. Aunque estuviéramos dispuestos a construir nuevos embalses en todos los ríos madrileños los recursos obtenidos no variarían sustancialmente.

A medida que la explotación de los ríos madrileños se ha ido haciendo más intensa, los paisajes fluviales han ido deteriorándose progresivamente. La incidencia en el paisaje fluvial del sistema de captación y uso de agua madrileño puede resumirse así:

  1.     Los cursos altos de los ríos, al pie de la Sierra de Guadarrama, son ocupados por los embalses. Un ejemplo extremo de ocupación lo constituye el río Lozoya, que es el que aporta mayores volúmenes de agua: más del 60% de su longitud está ocupado por embalses.
        
  2. Los cursos medios muestran unos caudales escasos e irregulares, ya que el agua ha sido captada masivamente en el tramo anterior y los desembalses de agua se realizan de forma puntual e irregular. La calidad del agua es media.
        
  3. En los cursos bajos el caudal vuelve a incrementarse con la descarga de las aguas residuales del área metropolitana. La calidad del agua es muy baja y el régimen de caudales anormalmente regular (en condiciones naturales, el estiaje y el deshielo provocan oscilaciones mucho mayores). Además, algunos ríos reciben más agua que la que se ha tomado de ellos en las cabeceras; otros menos…

 

CATASTROFE DE CHERNOBIL:

Ocurrió en Ucrania en el año 1986. Fueron afectados unos 7 millones de personas, la mayor parte del pueblo y sus alrededores.

El sarcófago que realizaron después de la catástrofe para tapar la radiactividad se esta rompiendo, las familias llevan esperando 10 años a que lo arreglen pero lo único que ocurre es que sus hijos tienen enfermedades y cada día van a mas y no saben como pararlas pero que no se produjan mas muertes.

20 años después de la catástrofe aun siguen naciendo los niños mal. Conforme se van acercando a la zona se va notando más la pobreza. Las mujeres no tienen hijos por miedo de que nazcan mal, o sufran enfermedades. Chernobil  se ha quedado sin vida por que no se puede estar más de media hora cerca del radiactor. Esta ciudad fue creada para los trabajadores de la central, que cuando llevaban 2 años ocurrió el accidente, en ella Vivian unas 48.000 mil personas. Ahora mismo solo viven las personas que trabajan en la central, pero están 2 semanas al mes y se van. Para que chernobil vuelva a ser como antes deberían de pasar unos 24.000 años que eso es muy difícil y poco probable. Se prevé construir un sarcófago nuevo para arreglar el actual. En 20 años han muerto unas 200.000 personas y aun hay unas 5.000 afectadas. Esperemos que esto nunca se vuelva a repetir.

 

EN ESPAÑA:

Se cerraran las centrales nucleares cuando termine su utilidad. En  muchas de ellas ocultan información para que no se les acuse de los problemas ambientales y humanos que se producen alrededor de las zonas. La central nuclear de GUADALAJARA, 30 años después de su funcionamiento fue cerrada debido a varias fugas.

En Madrid esperan que desaparezcan la zona que hay restos radiactivos que tienen que ser llevados a un cementerio nuclear. En el área infantil encontraron restos radiactivos, a 2 niños de la zona le destetaron leucemia a causa de la radio actividad.

 

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